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Sobre la Educación

 

SOBRE LA EDUCACIÓN[1]
 
PRESENTACIÓN
 
Los siguientes textos sobre la educación presentan una visión critica sobre la universidad latinoamericana de la presente época. Si bien fueron escritos hace siete décadas, como pueden verse conservan una vigencia sorprendente. Esto, por una parte. Desdice la situación de la educación hoy en nuestra América que no ha avanzado mucho en este siglo, producto del mismo injusto sistema que, como entonces, nos domina y, por otra parte, dice mucho de su autor, el pensador peruano José Carlos Mariátegui, cuyo pensamiento sigue vigente y tan vivo como en los años veinte, época en que marcó un hito del pensamiento social latinoamericano. Hoy más de 100 años después de su nacimiento estos textos de Mariátegui, constituyen un faro para guiarnos en el análisis critico de la educación hoy en nuestros pueblos.
 
Los editores
Puerto Carreño, 2008
 
 
Otra vez la juventud grita contra los malos métodos, contra los malos profesores. Pero esos malos maestros podrían ser sustituidos. Esos malos métodos podrían ser mejorados. No cesaría, por esto la crisis universitaria. La crisis es estructural, espiritual, ideológica. La crisis no se reduce a que existen malos maestros. Consiste, principalmente, en que faltan verdaderos maestros. Hay en la universidad algunos catedráticos estimables, que dictan sagaz y cumplidamente sus cursos. Pero no hay un sólo ejemplar de maestro de la juventud. No hay un sólo tipo de conductor. No hay una sola voz profética, de líder y de apóstol.
 
¿Quién vulgariza en esta universidad deletérea y palúdica el relativismo contemporáneo? ¿Quién orienta a los estudiantes en el laberinto de la física y de la metafísica nuevas? ¿Quién estudia la crisis mundial, sus raíces, sus fases, sus horizontes y sus intérpretes? ¿Quién explica los problemas políticos, económicos y sociales de la sociedad contemporánea? ¿Quién comenta la moderna literatura política revolucionaria o reformista? Nuestros catedráticos parecen sin contacto, sin comunicación con la actualidad europea o americana.
 
Nuestros catedráticos no se preocupan ostensiblemente sino de la literatura de su curso. Su vuelo mental, generalmente, no va más allá de los ámbitos rutinarios de su cátedra. Son hombre tubulares, como diría Víctor Maurtua, no son hombres panorámicos. No existe entre ellos, ningún revolucionario, ningún renovador. Todos son conservadores definidos o de conservadores potenciales, reaccionarios activos o reaccionarios latentes, que en política domestica, suspiran impotentes y nostálgicamente por el viejo orden de cosas. Mediocres mentalidades de abogados, acuñadas en los alvéolos ideológicos del civilismo, temperamentos burocráticos, sin alas y sin vértebras, orgánicamente opacados, acomodaticios y poltrones; espíritus de clase media, ramplones, huachafos, limitados y desiertos sin grandes ambiciones ni grandes ideales, forjados para el horizonte burgués de una vocalía en la Corte Suprema, de una plenipotencia o de un alto cargo consultivo en una pingüe empresa capitalista. Estos intelectuales sin alta filiación, enamorados de tendencias aristocráticas y de doctrinas de elite, encariñados con reformas minúsculas y con diminutos ideales burocráticos, estos abogados, clientes y comensales del civilismo y la plutocracia, tienen un estigma peor que el del analfabetismo: tienen el estigma de la mediocridad. Son los profesionales de panteón de que ha hablado en una conferencia el doctor Mackay. Al lado de esta gente escéptica, de esta gente negativa, con fobia del pueblo y fobia de la muchedumbre, maniática del estetismo y decadentismo, confinada en el estudio de la historia escrita de las ideas pretéritas, la juventud se siente naturalmente huérfana de maestros y huérfana de ideas.
 
Ante este triste panorama universitario la frase justa no es : “falta juventud estudiantil” la frase justa es: “faltan maestros, faltan ideas”. En algunos sectores de la juventud estudiantil hay síntomas de inquietud y se refleja, aunque sea vaga e inconexamente, la gran emoción contemporánea. Algunos núcleos de la juventud son sensibles y permeables a las ideas de hoy... la llanura está poblada de brotes nuevos. Únicamente las cumbres están peladas y estériles, calvas y yermas, apenas cubiertas del césped anémico de una pobre cultura académica.
 
Y ésta es la crisis de la Universidad. Crisis de maestros y crisis de ideas. Una reforma limitada a acabar con las listas o extirpar un profesor inepto o estúpido, sería una reforma superficial. Las raíces del mal quedarían vivas. Y pronto renacería este descontento, esta agitación, este afán de corrección, que toca epidérmicamente el problema sin desflorarlo y sin penetrarlo.
 
 


[1] Textos escogidos. “SOBRE LA EDUCACIÓN”, José Carlos Mariátegui. Tomado de “LA CRISIS UNIVERSITARIA. CRISIS DE MAESTROS Y CRISIS DE IDEAS”. (1925)