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Las Comunidades Científicas, Lisimaco Parra

La Comunidades Científicas.
Lisimaco Parra
 
Sería muy prematuro afirmar que contamos con comunidades científicas desarrolladas, estables y garantes de la producción de conocimiento. En efecto, en la época en que el acuerdo o el disenso entre "compañeros de juego" se constituyen en característica interna de la investigación científica, en nuestro medio sigue predominando la actividad aislada. Aunque se requerirían estudios detallados en las distintas disciplinas que corroboren o invaliden nuestro punto de vista, creemos que existen "paradigmas" que definan problemas, que posibiliten el aprovechamiento de conocimiento adquiridos y la continuidad de las investigaciones, que hagan necesaria la comunicación y el conocimiento de los resultados de investigaciones en curso, que permitan la crítica y el disenso fundamentado. Pero, y ésto sería tal vez más grave, es probable que ni exista en quienes se dedican a estas actividades la suficiente conciencia acerca de la necesidad de estas comunidades.

En el plano institucional son por todos conocidas las serias limitaciones que padece la actividad científica. Empecemos por lo relativo a la formación de los futuros pares que garantizan la sobrevivencia de la ciencia. Aunque es innegable la deficiente preparación de los bachilleres que ingresan a la universidad, las condiciones vigentes en la docencia de los pregrados obstaculizan la resolución de este problema: el incremento en la contratación de profesores por hora cátedra, la docencia enciclopédica y repetitiva, la precariedad de los recursos bibliográficos, las dificultades de los docentes para poder desarrollar actividades investigativas que redunden en las formas y contenidos pedagógicos y el énfasis estrictamente profesional de los currículos con detrimento de la formación científica básica son factores que convergen y hacen posible una deficiente calidad de la educación.

 
En cuanto a los postgrados..., tanto en su oferta como en su demanda suelen ser determinantes factores puramente mercantiles y raras veces se encuentran comunidades de investigadores que les sirvan de sustrato...
 
Las comunidades científicas presuponen la previa labor académica de consolidación del conocer; y de manera inversa, la docencia se califica si cuenta con el estímulo de actitudes y productos investigativos continuamente renovados. Pero ayer como hoy, este proceso de retroalimentación no parece interesar mucho a nuestros dirigentes: la educación básica de cierta calidad está en manos privadas, mientras que el sector público parece debatirse entre el gremialismo de maestros mal remunerados y el desinterés estatal. En cuanto a la educación superior resulta diciente constatar la creciente desidia gubernamental. Sea como fuere, el hecho es que la "normatización" de las comunidades científicas y si futuro en nuestro medio están emparentados con la calidad de la educación básica y superior...
 
Así como la comunidad científica se constituye mediante el acuerdo entre "jugadores", la "normalización" de la actividad científica en una sociedad implica el acuerdo en un juego de nivel superior cuyos jugadores serían las comunidades científicas y la sociedad. Las relaciones son indispensables y mutuamente fecundas. En el mundo moderno no podemos pensar en una sociedad independiente y sólidamente constituida sin comunidades científicas puedan consolidarse en países que no cuenten con una madura "sociedad civil". El lugar propio de las comunidades científicas es la sociedad civil. El desarrollo estable de las primeras está indisolublemente ligado a la suerte de la última. En la organización de sus intereses y estrategias, los particulares aprenden a valorar los beneficios que, no obstante la diferencia de intereses, pueden encontrar en otros particulares; el muy escaso volumen de investigación contratado por la industria, podría ser un ejemplo de lo mucho que nos queda por recorrer.
 
Por otra parte, hábitos y actitudes de los científicos colombianos como la falta de apertura, el autoengaño, la ausencia de crítica, el utilitarismo y la capacidad de cooperar, han sido señalados como obstáculos perniciosos para la constitución de comunidades científicas. A partir de ellos podría inferirse que también los científicos resultarían beneficiados por la pedagogía inherente al desarrollo de la sociedad civil, que obliga a la organización de los propios intereses, a su diferenciación con respecto a otros sectores, a la competencia civilizada, y también a la colaboración.
 
En el juego de intereses y negociaciones que constituye a la sociedad civil, mal podría la ciencia competir por sus objetivos si se presenta fragmentada, sin proyectos, prioridades y propósitos claros y organizados.

 Estructura científica, desarrollo tecnológico y entorno social, pp. 570 ss.