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LA ERA DE LA INFORMACIÓN

En las ultimas décadas se ha producido un desarrollo extraordinario tanto en la economía norteamericana como en la global. Los Estados Unidos han pasado a ser de una sociedad industrial a una sociedad de la información. El trabajo mental ha sustituido al trabajo físico como la actividad laboral dominante. Ahora vivimos en una economía global caracterizada por los cambios rápidos, la aceleración de los descubrimientos científicos y tecnológicos y un nivel de competitividad sin precedentes.

Todo el mundo reconoce que este desarrollo crea una demanda de una educación y preparación de mayor nivel que la que necesitaban las generaciones anteriores. Lo que no se suele reconocer generalmente es que este desarrollo también crea una nueva demanda de nuestros recursos psicológicos.
Específicamente, este desarrollo nos pide que tengamos una mayor capacidad de innovaciones, autocontrol y responsabilidad personal, un nivel mas elevado de conciencia, en nuestras actividades laborales.

Esto no solo se exige a los que están en lo mas alto. Se les pide a las personas de todos los niveles de la empresa, desde el director general hasta el supervisor de la cadena de montaje, e incluso al personal que acaba de incorporarse a su primer puesto de trabajo.

Esta es la descripción del puesto de trabajo de un operario de producción de Motorola, un puesto para nuevos empleados: Analizara los informes del ordenador e identificara problemas mediante experimentación y control de proceso estadístico. Comunicará los niveles de producción de la cadena de montaje a la dirección y deberá entender la posición de competitividad de la empresa.

Aunque muchas organizaciones se resisten fieramente a aceptarlo y luchan por aferrarse a una época que ha pasado irreversiblemente, la empresa moderna ya no puede estar dirigida por unas cuantas personas que piensan y muchas que hacen lo que les dicen, siguiendo el modelo tradicional militar de ordeno y mando. Hoy en día, las organizaciones requieren no solo un mayor nivel de conocimiento y técnica de todos aquellos que participan en el proceso de producción, sino también un mayor nivel de independencia, autosuficiencia, auto confianza y capacidad para ejercer la iniciativa propia. En una palabra, autoestima. Esto significa que en el proceso de creación de riqueza, es necesario un gran numero de personas con un nivel de autoestima aceptable.
Para observar este hecho en perspectiva y apreciar su significado pleno, repasemos muy brevemente las primeras etapas de nuestros desarrollo económico. 

LA CIVILIZACIÓN AGRÍCOLA
En el año 1000 d.C., al igual que en el 1000 a.C., la gente esperaba que sus nietos pudieran vivir igual que ellos, y ellos mismos generalmente eran el reflejo de la vida de sus antepasados.

A lo largo de todos los milenios pasados y hasta hace muy poco, el trabajo significaba esfuerzo físico, no trabajo mental. La inteligencia, al igual que la educación, se veía como un lujo y no se la relacionaba con la cruda realidad de la existencia y los requisitos para sobrevivir.

En el mundo judeocristiano, la Biblia enseño que la necesidad de trabajar para vivir era un castigo de Dios por la desobediencia del hombre. Expulsando del Edén, donde podía satisfacer sus necesidades sin esfuerzo y de forma automática, el hombre fue condenado a ganarse el plan de cada día con el sudor de su frente. La consecuencia indiscutible era que el trabajo es una maldición. Y así era como se veía el trabajo: como un requisito inexorable que provocaba el envejecimiento con rapidez, obviamente no como una fuente de alegría o una actividad de auto expresión o autorrealización, ni como una vía para el desarrollo personal.

La auto expresión, la autorrealización y el desarrollo personal, ideas que tiene significado para la mente occidental contemporánea, eran casi incomprensibles para los hombres y mujeres de los tiempos preindustriales. Estas ideas siguen siendo incomprensibles para los lugares del mundo en los que la pobreza inexorable y la enfermedad son la abrumadora realidad de la existencia humana, y ni la industrialización ni el capitalismo han servido como punto de apoyo para su desarrollo. Al igual que la autoestima, tales ideas son producto de la cultura individualista.

En las culturas preindustriales, desde el mundo de los cazadores y los recolectores de frutos silvestres al de los siervos feudales, no existía un mercado para la mente independiente ni demasiada, o ninguna, necesidad económica de autoestima. No excita un mercado que demandara inteligencia, auto responsabilidad, habilidades comunicativas, competencia interpersonal, capacidad de innovación, creatividad o mentalidad empresarial. De hecho, en la época medieval los rasgos como la autoestima o la autoafirmación no solo no aportaban beneficios económicos (excepto quizás en el caso de algunos mercaderes, comerciantes, exploradores y artistas) sino que podían incluso poner en peligro la propia vida: podían llevar a sus poseedores al potro de torturas o la estaca.

Si usted hubiera vivido hace mil años, habría nacido casi con toda seguridad en el lugar concreto e inmutable de la escala social. Con muy raras excepciones, no habría podido escoger una ocupación sino que esta le habría venido dada por las circunstancias de su nacimiento: campesino, artesano, caballero o esposa de algunos de ellos. Su sentimiento de identidad, si existía, no derivada a sus elecciones, sus acciones o sus logros, sino de verse a si mismo como una parte integral del orden natural que se suponía que estaba regido por Dios. Sujeto a las vicisitudes de la guerra, el hambre y las plagas, el ser humano tenia mas o menos garantizado un medio de sustento, que venia determinado por la tradición. Existía muy poca competencia al igual que muy poca libertad económica o de cualquier otro tipo. No era un mundo que valorase la autoafirmación personal, que comprendiese a la individualidad, que admirase la auto responsabilidad , entendiese la libertad política o los derechos del hombre, que viese la capacidad de innovación como un modo de vida, que apreciase la relación de mente, inteligencia y creatividad con la supervivencia, o que tuviese lugar para la autoestima. El sistema del que dependía el bienestar esperaba del hombre poco mas que obediencia y conformidad.