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LA EDUCACIÓN DEL FUTURO

Daniel Filmus 
(Ministro de Educación de la República Argentina)


"No podemos tener la esperanzo de predecir el futuro, pero podemos influir en él. En la medida en que las predicciones deterministas no son posibles, es probable que las visiones del futuro, y hasta las utopías, desempeñen un papel importante en la construcción"
llya Prigogine, 1994


LOS CONDICIONANTES DEL FUTURO DE LA EDUCACIÓN: MUCHOS INTERROGANTES Y UNA CERTEZA

Los interrogantes
Imaginar el futuro de la sociedad en el marco de las profundas transformaciones de fin de siglo exige realizar un ejercicio cercano a la ciencia ficción. La vertiginosidad de los caminos socio-políticos y científico-tecnológicos que estamos viviendo plantea desafío sin precedentes a cualquier intento prospectivo. Este desafío agiganta cuando el objetivo es pensar qué pasará con la educación en próximas décadas. La razón es evidente: se trata de imaginar las fon futuras de producir y distribuir el conocimiento, una de las creaciones la humanidad que se encuentra inmersa en el proceso de cambio acelerado de los últimos tiempos.

Tres procesos de difícil predicción obstaculizan la posibilidad contar con un importante núcleo de certezas respecto del futuro d educación, a) El primero de ellos es científico-tecnológico. Se refiere a cómo evolucionarán el conocimiento y la tecnología y al impacto estos desarrollos produzcan en los procesos de aprendizaje. b) segundo de los procesos es socio-político. Está íntimamente vinculados a las formas más democráticas o elitistas de distribución del poder, de bienes y de los conocimientos que produzcan las sociedades del futuro de la educación. c) El último de los procesos a tener en cuenta es específicamente educativo. Hace referencia a que la dinámica de los cambios en el interior de los sistemas educativos, en particular de las escuelas, muestra ritmo mucho más lento que el de las transformaciones a nivel global.

En torno de estos procesos se plantean un conjunto de interrogar e incertidumbres acerca del devenir de la educación para las próximas décadas.

a) Los condicionantes científico-tecnológicos
El avance científico-tecnológico parece ser el principal condicionante para definir tanto lo que va a ser necesario enseñar y aprender en el futuro como qué tipo de instituciones, trabajo pedagógico y tecnologías serán las encargadas de transmitir los nuevos saberes. ¿Qué nuevos tipos de capacidades, competencias y conocimientos exigirá el trabajo en las próximas décadas? ¿Cuáles serán las profesiones que desaparecerán y cuáles las que se crearán? ¿Surgirán nuevos paradigmas científico-tecnológicos que echen por tierra todo cuanto el ser humano avanzó hasta el momento? ¿Los conocimientos que actualmente poseemos se transformarán en curiosidades a estudiar en los programas de "historia de las ciencias"?

Por otra parte, desconocemos cuáles son los límites de la aplicación de los avances de la informática, las redes como Internet y los nuevos medios audiovisuales a los procesos de aprendizaje. Los especialistas coinciden en afirmar que actualmente en la educación se está aprovechando menos del 10 por ciento de las potencialidades de estos avances. Pero, al mismo tiempo, no es posible descartar que se inventen complejas máquinas de aprender" que hoy sólo existen en la mente de escritores y cineastas. Algunas de ellas, como la imaginada en la película de Arnold Schwarzeneggcr El vengador del futuro, podrían lograr que se "implantaran" en pocos minutos los nuevos saberes en la memoria sin necesidad de aplicar los procesos pedagógicos y las técnicas didácticas que utilizamos en nuestros días.

Por último, el propio conocimiento del cerebro humano es aún insuficiente. ¿Hasta dónde avanzará la investigación de sus potencialidades respecto de los aprendizajes como para desarrollar estrategias educativas totalmente novedosas?

b) Los condicionantes socio-políticos
Pero el futuro de la educación no depende únicamente del avance de los conocimientos, sino también de la forma que la sociedad decida que estos conocimientos se deben crear y distribuir. No cabe duda de que la vinculación entre saber y poder se estrechará aún más en el próximo siglo. El monopolio del conocimiento a nivel planetario y al interior de cada una de las sociedades pasa a ser un elemento imprescindible para concentrar aún más el poder económico y político.

¿Prevalecerán las perspectivas democratizadoras o, por el contrario, se verificarán las actuales tendencias hacia la diferenciación y la marginación de amplios sectores de la sociedad? Cuando pensamos en la educación de las próximas décadas, ¿estamos imaginando un sistema educativo de calidad homogénea para toda la sociedad o en múltiples sistemas educativos, cada uno dirigido a otro segmento de la población?

El modelo de escuela pública que actualmente conocemos es hijo de los ideales de "igualdad, libertad y fraternidad" que enarboló la Revolución Francesa. Estuvo construido con el objetivo de integrar a todos los habitantes a la idea de Nación y de ciudadanía moderna. Lo mismo se puede señalar para el caso argentino. La Ley 1420, sancionada hace más de un siglo, definió a la educación como la herramienta principal para convertir una población dispersa, originaria y culturalmente heterogénea, en "ciudadanos argentinos". Por el contrario, las tendencias a la marginación y la fragmentación social que actualmente provienen de la economía podrían anunciar una función diferente para el sistema educativo: consolidar la exclusión. Es sintomático que un conjunto de obras clásicas de la ciencia ficción muestren un horizonte social en el cual la misión de la educación será diferenciar. Tanto el recordado Fahrenheit 451, de Ray Bradbury, como Un mundo feliz, de Aldous Huxley, y La máquina del tiempo, de H. G. Wells, por tomar sólo algunos ejemplos, muestran un futuro donde el poder es monopolizado por un grupo que también concentra los conocimientos y la cultura. El futuro que se imagina para la educación en estas obras no es muy alentador: el cercenamiento de la posibilidad de educarse para las mayorías representado en la quema de los libros o la construcción de mecanismos educativos diferenciados por grupos para que cada estamento refuerce y legitime la reproducción de un orden social injusto.

La posibilidad de donación humana actualmente puesta en debate genera un horizonte donde la diferenciación respecto de las posibilidades de acceso al conocimiento podría ser previa aún al nacimiento. Alejandro Piscitelli planteó en una reciente conferencia que en el futuro "...la sociedad se podría dividir en geno-ricos y geno-pobres. Según las posibilidades económicas de cada uno, algunos podrían elegir, a partir de un catálogo de genes comprado en cualquier supermercado, un hijo con coeficiente intelectual de 200 y otros de 400 (Clarín, 6-4-97).

Pero, dejando de lado la ciencia ficción, múltiples investigaciones prospectivas señalan tendencias preocupantes. Uno de los estudios más serios, el realizado por André Gorz (1991) prevé que, de continuar las actuales tendencias en el mercado de trabajo, sólo un 25 por ciento de la población estará permanentemente integrada a los puestos de trabajo modernos. Un 25 por ciento más estará en la periferia estable, como "ejército de emergencia" entrando y saliendo del mercado. El 50 por ciento restante tendrá empleos externos y precarios, permaneciendo en situaciones de marginalidad. ¿Es posible imaginar una educación igualadora ante un horizonte social tan fragmentado?

Frente a las tendencias marginadoras, la paradoja que se presenta es que pensar en una función integradora para la educación del futuro exige volver la vista atrás. Hacia la idea originaria de la educación universal, igualitaria y obligatoria. Recuperar la concepción de que "... la sociedad no puede subsistir más que si existe entre sus miembros una homogeneidad suficiente: la educación perpetúa y empareja dicha homogeneidad, fijando por adelantado en el alma del niño las similitudes esenciales que requiere la vida colectiva (Durkheim E. 1975). En el marco de la tensión exclusión-integración que signará las próximas décadas, el papel de la educación en torno de la formación para la cohesión social y para la convivencia será decisivo. Sólo la educación podrá brindar los conocimientos, valores y los códigos comunes para que todos los argentinos se encuentren en igualdad de condiciones para participar activamente en el mundo del trabajo y de la vida social y política.

c) Los condicionantes educativos
Por último, el ritmo con que cambian las estructuras educativas y la práctica en las escuelas no acompaña las transformaciones del contexto. Por esta razón merece un análisis particular. La recreación de una imagen utilizada .por Seymour Paper (1995) puede ilustrar esta afirmación: supongamos por un instante que un cirujano fallecido en el siglo XIX resucita en la actualidad y debe operar a un paciente en un quirófano equipado con los más recientes avances de la tecnología médica. ¿Podría realizar la cirugía? Imaginemos una situación equivalente con un ingeniero del siglo pasado que debe construir un puente con las actuales tecnologías. ¿Nos animaríamos a transitar por él? Los cambios resultarían más asombrosos para alguien que hubiera trabajado hace 100 años en el ámbito de las comunicaciones, los transportes, la biología, etc. Ahora realicemos el mismo ejercicio con un maestro resucitado después de un siglo.

¿Encontraría muchas diferencias entre la escuela que conoció y la actual? ¿No es factible suponer que cien años después podría seguir dando clases y, en el caso de muchas materias, hasta podría mantener los mismos programas?
Las condiciones actuales para romper con el inmovilismo escolar son inmejorables. Nos encontramos ante una transformación tecnológica que, en el ámbito educativo, sólo puede tener parangón con la invención del libro impreso. Aquel avance ocurrido hace más de 400 años permitió modificar radicalmente la organización del aprendizaje, posibilitó que la enseñanza sea un proceso colectivo y generó las condiciones para que todos puedan acceder a la escuela. Actualmente la incorporación de la informática, las redes comunicacionales y los medios audiovisuales ofrece una perspectiva similar. ¿Será posible vencer las tendencias conservadoras e iniciar un proceso de cambio profundo como el que el inicio del nuevo siglo reclama?

¿Optimistas o pesimistas?
La combinación de los tres procesos enunciados permite elaborar distintas hipótesis respecto del futuro de la educación. Las más optimistas plantean que los avances científico-tecnológicos se introducirán fuertemente en todas las instituciones y los niveles del sistema educativo excepción y ello contribuirá decididamente a generar mejores condiciones para la democratización del conocimiento. La igualdad de posibilidades acceso a los saberes, según estas perspectivas, permitirá profundizar la democracia política como la equidad social. La confianza en la fue igualadora de los conocimientos es planteada con claridad por autores como Alvin Toffler (1992): "por definición tanto la fuerza come riqueza son propiedad de los fuertes y los ricos. La verdadera característica revolucionaria del conocimiento es que también el débil y el pobre puede adquirirlo. El conocimiento es la más democrática fuente de poder. Y lo convierte en una continua amenaza para los poderosos.

Las visiones pesimistas, en cambio, imaginan un futuro marcadamente segmentado. En él convivirán grupos de instituciones que posean altísima tecnología y distribuyan conocimientos de punta para los sectores privilegiados, con otros en los cuales no se notará el paso del tiempo y en los que hasta nuestro resucitado maestro del siglo XIX podría seguir enseñando. Acerca de la importancia de la educación en el manejo de las tecnologías de la información, advierten pensadores de la talla de Umberto Eco (1996): "La perspectiva más pesimista respecto futuro es que nazca una sociedad dividida en tres clases: en el nivel más bajo, una masa de proletarios que no tienen acceso a la computadora (y por lo tanto también poco al libro) y dependen sólo de la comunicación. televisiva; una pequeña burguesía que usa la computadora de manera masiva, y, finalmente, una nomenklatura (en el sentido soviético término), que sabe cómo hacer razonar la máquina y que posee medios económicos para hacerse de los elementos cada vez más nuevos y potentes...

Una certeza
La paradoja principal respecto del futuro de la educación es que, en el marco de tantas incertidumbres, poseemos una única certeza: el conocimiento ocupará un lugar cada vez más importante en el desarrollo de las naciones y en las condiciones de vida de sus habitantes. Distintos procesos convergen para colocar a la educación en el centro de la definición del futuro de países y personas.

En primer lugar, la caída del muro de Berlín y el fin de la Guerra Fría alejan la posibilidad de que el destino y la soberanía de las naciones se diriman a partir de la acumulación de armamentos. La competitividad económica sustentada en el desarrollo del conocimiento "se convertido en la única fuente de ventaja competitiva a largo plazo (Thurow, L., 1993) que permitirá definir liderazgos, hegemonías y la capacidad de los países de hacer prevalecer sus propias perspectivas en un mundo cada vez más globalizado.

En segundo lugar, el acelerado avance científico-tecnológico y la generación de nuevos patrones de producción y de organización del trabajo tornan obsoleta la teoría económica clásica que colocaba a los factores tradicionales de producción, tierra, trabajo y capital como motores del desarrollo y el crecimiento. Como señala Peter Drucker (1993), estos factores se han convertido "...en fuerzas de limitación más que en fuerzas de impulso. El conocimiento se está convirtiendo en un factor crítico de producción . En la misma dirección, Taichi Sakaiya (1994) define la sociedad del futuro como la "sociedad del cono cimiento". En ella la importancia del conocimiento estará por encima del resto de los factores productivos: ". . la creación de valor-conocimiento muy pronto se va a considerar la palanca principal de la economía social y de la acumulación de bienes de capital...".

Pero el conocimiento sólo puede ser empleado a través de las habilidades de los individuos. Los principales estudios muestran que las tecnologías más dinámicas para el futuro próximo (microelectrónica, biotecnología, telecomunicaciones, nuevos materiales, robots e informática) se instalarán donde existan los ciudadanos con capacidad y destreza como para aprovecharlas. Debido a que, en un mundo donde los recursos naturales, el capital y la tecnología se desplazarán rápidamente, ".. lo único que persistirá dentro de las fronteras nacionales será la población que compone un país..." (Reich, R., 1993), la capacidad de los sistemas educativos para formar mano de obra altamente calificada se convertirá en uno de los elementos de mayor productividad y crecimiento de las naciones.

Pero esta posibilidad de contar con gente que posea las habilidades necesarias para trabajar incorporando las nuevas tecnologías no sólo tendrá un valor importante en dirección a generar condiciones de competitividad externa. También tendrá un fuerte impacto en la calidad de vida de las personas. Por un lado, porque impedirá el desarrollo de estrategias productivas basadas en la competitividad económica espuria que está sustentada en la superexplotación de la mano de obra y en el deterioro del medio ambiente. Por otro, porque el avance científico y el manejo de las nuevas tecnologías nos colocará en mejores condiciones de encontrar soluciones para históricos problemas sociales (urbanísticos, de salud, educación, alimentación, vivienda, transporte, etc.) y para la producción masiva de aquellos bienes que, distribuidos a través de políticas de equidad, pueden significar un sustantivo aporte en el combate a la pobreza.

Por último, en el marco de un futuro donde el trabajo probablemente pasará a ser el bien más escaso y donde ". . el único sector laboral aparentemente emergente es el relativo al conocimiento (Rifkin,J., 1996), la educación también ocupará un lugar central en la posibilidad de disputa democrática por aquellos nuevos lugares trabajo que se crearán y que seguramente en su mayoría exigirán a calificaciones. El estrechamiento del mercado laboral genera condiciones cada vez más competitivas para el ingreso en él. El sistema educativo será el principal mecanismo que otorgará los "pasaportes" para el ingreso al mundo del trabajo y por lo tanto al derecho a una ciudadanía plena.

¿ SERÁ NECESARIO APRENDER?
¿Qué tipo de conocimientos exigirán las próximas décadas?
La adecuación de la educación a las transformaciones que producirán en las próximas décadas exigirá profundos cambios en saberes que transmitirá el sistema educativo. No es posible predecir los contenidos concretos que deberán enseñarse en las diferentes disciplinas. En parte, porque muchos de ellos aún no han sido creados. En cambio, sí es factible afirmar que asistiremos a una transformación sin precedentes tanto en el tipo de conocimientos en que se formaran como en las competencias (saber hacer) en que serán capacitados los futuros alumnos.

Este cambio no sólo estará íntimamente vinculado a los nuevos requerimientos de saberes y perfiles profesionales que plantearán modificaciones en el mundo del trabajo. También estará relacionado el tipo de capacidades que se necesitarán para comprender la realidad y participar política y comunitariamente en sociedades cada vez más globalizadas, informatizadas y complejas.

El tipo de saberes que predomina actualmente en la mayoría nuestras escuelas es fuertemente atomizado, memorístico y enciclopédico. Está profundamente desvinculado de la realidad e inhabilita la comprensión de los procesos tecnológicos y sociales que ocurren fuera de ellas. Está basado en datos, fechas y fórmulas que sirven para aprobar exámenes que principalmente habilitan para acceder a otros exámenes. Pero este tipo de saberes que hoy resulta totalmente obsoleto tuve razón de ser en las condiciones laborales y sociales que predominan hace más de un siglo. En aquel entonces una de las principales misiones de la escuela era transformar campesinos y artesanos en trabajadores para incorporarlos al modelo productivo emergente: el sistema fordista que basaba su organización en la producción en cadena. Como genialmente representara Carlitos Chaplin en Tiempos Modernos, el sistema laboral exigía disciplinar el cuerpo y la mente para repetir ritualmente ciertos movimientos. Al mismo tiempo, en el plano social y político la escuela debía formar para un mundo relativamente estable, donde predominaban mucho más las certezas que las incertidumbres. En este mundo, la visión fragmentada de la sociedad contribuía a generar en las mayorías la conciencia de que sólo las elites estaban en condiciones de gobernar y conducir los destinos de los países.

En los últimos años del siglo XX tanto el modelo fordista como el mundo de las certezas están en vías de extinción. Tarde o temprano, las nuevas realidades que plantean los modernos procesos científico tecnológicos y productivos, por un lado y la globalización y complejización de los procesos politico-sociales, por otro, deberán irrumpir en el sistema educativo.

En lo que respecta a los nuevos procesos productivos la creciente introducción de la microelectrónica y la informática ha dado lugar a los sistemas basados en la automatización flexible Este cambio exigirá que los responsables del área de personal de las empresas modifiquen las calificaciones requeridas a los futuros trabajadores. ¿Cuales serán las competencias en que la escuela deberá formarlos? Veamos las mas importantes a) Capacidad de pensamiento teórico y abstracto b) Posibilidad de pensar estratégicamente planificar y responder creativamente a situaciones nuevas, c) Posibilidad de comprender globalmente el proceso tecnológico, d) Sólida formación lógico-matemática e informática; e) Autonomía en la toma de decisiones y f) conciencia acerca de los criterios de calidad y desempeño.

Por otra parte para que la introducción de las nuevas tecnologías signifique un incremento en la productividad de las empresas es necesario que también se transformen las formas en que se organizara el trabajo Ello obligara a avanzar hacia una rotación permanente del personal por distintos puestos laborales y hacia una mayor cooperación e interacción entre quienes desempeñen estos puestos. Es así como se privilegiara a aquellas personas que muestren una formación polivalente, flexible, y una alta capacidad comunicativa y cooperativa en el trabajo.

Por último, la rápida obsolescencia de las tecnologías y la desaparición de profesiones y puestos de trabajo vitalicios obligarán a pensar en una recalificación permanente. Más que enseñar contenidos específicos las escuelas deberán "enseñar a aprender" y generar una actitud positiva frente a la formación permanente y al cambio continuo.

Como se puede observar, las nuevas condiciones tienden a cerrar la brecha entre el trabajo manual y el intelectual. Al mismo tiempo, por primera vez en la historia de la humanidad las competencias que se exigirán para el mundo del trabajo se aproximarán a las que se requerirán para comprender y participar en la vida sociopolítica. Para que ello ocurra el conocimiento que brindan las escuelas no sólo debe permitir comprender los procesos tecnológicos, sino también los procesos sociales que generan las formas de distribución más de los bienes producidos de forma equitativa o más desigual. Desde una perspectiva democratizadora, se estaría en condiciones de poner fin a la histórica dicotomía de "formar por las manos" al trabajador y "formar por cabeza" a las elites dirigentes. También elegir bien un presidente, participar en el sindicato o en la organización vecinal, entender y conducir los intereses locales y nacionales en un mundo cada vez n interdependiente y hasta debatir quién se apropiará de las riquezas que esas nuevas tecnologías produzcan, exigirá poseer las competencias a que anteriormente hicimos referencia.