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LA EDUCACIÓN COMO PILAR DEL DESARROLLO SOCIAL Y ECONÓMICO

Los cambios que se generan hoy en día en el mundo desarrollado hacen cada vez más importante el componente intelectual en la formación de la fuerza laboral. No es suficiente ya con que un país cuente con una población con niveles de alfabetización relativamente bajos y formada en la utilización de las destrezas manuales. De hecho, como ha revelado el estudio de Shoshana Zuboff, el advenimiento de la era informática hace que progresivamente "las respuestas físicas inmediatas deban ser reemplazadas por un proceso de pensamiento abstracto y creativo en el que se consideran opciones, en el que se hacen selecciones y luego se traducen a los términos de los sistemas de información" (The Age of the Smart Machine). 

En The Work of Nations (1991), Robert Reich analiza la creciente importancia de la capacidad del manejo de símbolos, de la capacidad de abstracción, en una sociedad que cada vez más se desplaza hacia la producción de servicios. Según Reich, los trabajadores que se requieren hoy en día y los que pueden contar con salarios crecientes, son los que desarrollen la capacidad para usar el conocimiento y la imaginación, aquellos que estén en condiciones de agregar valor a los bienes y servicios en cuya producción participan. A éstos, Reich los denomina los "analistas simbólicos" y son los que tienen gran demanda en la economía mundial. 
Los productores rutinarios (a los que Reich denomina "antiguos soldados de infantería del capitalismo"), aquellos vinculados al trabajo en línea de montaje, son los más vulnerables tanto a la automatización como a la competencia extranjera. En situación ligeramente más ventajosa están los proveedores de servicios personales, cuya formación requiere de mayor educación y disciplina. 

En la obra de investigación '¿QUIÉNES PROSPERAN?', Lawrence Harrison aporta su visión acerca de la cuestión educativa y su relación con el desarrollo: 
"Los problemas cualitativos de nuestra escuela primaria y secundaria son objeto de intensos y permanentes debates, y esto es muy positivo. Mi principal inquietud no se refiere a los métodos de enseñanza de las matemáticas, la lengua o las ciencias naturales o sociales, aunque sin duda importan mucho. Lo que me preocupa son los valores y las motivaciones: cómo desarrollar una mejor apreciación de la fundamental importancia de la educación para nuestro futuro, y cómo inculcar a nuestra juventud el valor del trabajo, del logro, de la creatividad y del sentido comunitario. 

"Concuerdo enteramente con un sabio comentario de Amitai Etzioni: 'La idea de que es posible incorporar más matemáticas, más lengua, más historia en niños que aún no saben controlar sus impulsos, postergar sus gratificaciones o concluir las tareas que han iniciado, es en verdad muy necia. El primer deber de las escuelas tendría que ser complementar la labor de la familia en cuanto a la formación del carácter'.

A su vez, el célebre futurólogo Alvin Toffler, el hombre que logró predecir algunas de las principales características del fin del siglo XX y del comienzo del XXI, ahora advierte que varias de las instituciones básicas de la sociedad han sido superadas por la realidad

En el tope de su ranking de la obsolescencia, Toffler menciona con preocupación el sistema educativo, porque -sostiene- las escuelas de hoy fueron pensadas hace 200 años para las fábricas de la Revolución Industrial y no preparan a los jóvenes para la nueva economía. "Sin instituciones públicas de avanzada no puede haber desarrollo económico avanzado", subraya.