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Historia Social de las Ciencias

 

 

 

 

Carlos Eduardo Vasco

 
COLCIENCIAS patrocinó una Historia Social de las Ciencia en Colombia (10 volúmenes). Los autores discutieron previamente los criterios metodológicos. El siguiente texto resume la discusión sobre "internalismo y externalismo",
 
¿Por qué calificar de social "una historia de la ciencias"? ¿Se trataba solamente de una demarcación inocente respecto a una "historia de las ideas" que se creyera independiente de todos los demás procesos sociales? Hasta aquí, todos estuvimos de acuerdo. Pero pareció que el calificativo apuntaba hacia una historia "externalista" al estilo de cierto pseudo-marxismo que pretende "explicar" todo por demandas económicas del aparato productivo. Alrededor de este primer equívoco se han desarrollado los debates más enérgicos y menos conclusivos.
 
La presencia de varios sociólogos entre los investigadores ha marcado indeleblemente este debate, imprimiéndole una clara dirección hacia una sociología histórica de los científicos y de las comunidades científicas en Colombia, hasta el punto de haberse llegado a proponer un modelo de mera difusión de resultados científicos producidos en el exterior.
 
Pero la presencia de brillantes historiadores internalistas, y de un sociólogo convencido de la superficialidad de esa historia externalista tan bien ridiculizada por Canguilhem, le imprimieron una dirección opuesta, que insistió en resaltar la importancia de las motivaciones subjetivas y de la dinámica intrínseca de cada ciencia, generada por las preguntas y los problemas que van surgiendo en el suelo fértil de los resultados anteriores.
 
Después de nutridos argumentos en favor y en contra de estas posiciones, se va conformando un consenso en una posición que intenta superar el internalismo y el externalismo en la dirección apuntada por Canguilhem y expresada lúcidamente en el informe de avance de Néstor Miranda sobre la Historia Social de las Ciencias de la Salud en Colombia.
 
Se trataría de superar las limitaciones del externalismo (que toma como objeto al ya constituido por la sociología de la ciencia) y del internalismo (que toma como objeto al ya constituido por la ciencia respectiva), intentado construir un nuevo objeto de la historia social de esa ciencia "de acuerdo con criterios valorativos fundados en los desarrollos contemporáneos de la ciencia, y en concordancia con la problemática específica que se da al interior de la ciencia y del pensamiento con las tensiones que se originan en el contexto".
 
En esta posición constructivista se acepta del internalismo la necesidad de partir desde la ciencia misma para superar al sociologismo, pero se acepta del externalismo la necesidad de no quedarse en el punto de partida, que por más que se considere lógicamente privilegiado, no permite excluir las tensiones exógenas o ambientales, sino que exige articularlas con las tensiones endógenas o ambientales, sino que exige articularlas con las tensiones endógenas o hereditarias, para utilizar la terminología de R. Wilder.
 
Se acepta también que en un país como el nuestro, y en general para el desarrollo de las ciencias en América Latina, no puede adoptarse con la misma fuerza el énfasis internalista que en la historia de las ciencias en Europa, tanto por limitaciones estructurales dentro de las que va creciendo cada ciencia, como por mayor dependencia de una ciencia incipiente a las presiones económicas y políticas.
 
Paralelamente al debate anterior se discutió una propuesta sobre la adopción del constructo "demanda social por la ciencia" como base teórica de los estudios de historia social de las distintas ciencias en Colombia. La primera versión de esa propuesta pareció a muchos de los investigadores demasiado externalista, y se señalaron las dificultades de la formulación inicial, hasta llegar a precisar que habría que definir y operacionalizar al menos dos especies de esa genérica demanda social por la ciencia.
 
Una especie sería la demanda social externa, relacionada con la conciencia social de necesidades que se van convirtiendo en verdaderos problemas socialmente significantes y motivantes, y que así, generen un campo de fuerzas que impulse a los científicos a responder a esas demandas y a la vez garanticen que los resultados científicos se difundan, se aprovechen, se gratifiquen, se valoricen socialmente y se reproduzcan.
 
La otra especie sería la demanda social interna, relacionada con la conciencia de las comunidades científicas que van formulando problemas significativos para los miembros de esas comunidades y que garantice la difusión interna, la utilización, la gratificación, la valorización y la reproducción de los resultados de la investigación científica dentro de esas mismas comunidades...
 
Se formularon, además, las "motivaciones metacientíficas", como los impulsos prácticos y vitales, la responsabilidad social, el deseo de fama, de contribuir a la felicidad humana y hasta la religión misma, dado que la intervención de la subjetividad, de la reflexión y hasta del "carisma científico", son la contrapartida subjetiva a la presencia de campos de fuerzas objetivas. Sólo la interacción entre ambas permitiría una explicación y una comprensión del desarrollo de una ciencia.
 
También se resaltó la necesidad de encontrar una mediación entre la demanda social externa y la interna, proponiendo como tarea la determinación de la organización del trabajo científico y de las condiciones en las que éste tiene lugar en cada sociedad y en cada período. Esta organización del trabajo científico sería el campo de articulación de los dos tipos de demanda y de "ofertas" de tipo subjetivo.
 
Las otras dimensiones de operacionalización propuestas eran: la utilización de los productos de las ciencias por la misma comunidad científica y por la sociedad, la institucionalización en la docencia, las sociedades científicas, los institutos de investigación y similares, aspectos también relacionado con la organización del trabajo y, finalmente, la publicidad dada los resultados...
 
Tomado de: Ciencia, Tecnología y Desarrollo, Bogotá, 7(3) 1983, pp. 304-306.