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EL TIEMPO DEDICADO A LA LECTURA VOLUNTARIA ES CADA VEZ MENOR

Actualmente ni siquiera hace falta leer las leyendas de las películas extranjeras, pues la mayoría está doblada. Y dicho doblaje generalmente responde mínimamente a las necesidades de comunicación del momento no representando fielmente la lengua de ningún pueblo. Así tenemos: "Bueno para nada", "Juan llega hasta las diez" o "Estoy volando para París el mes que viene". Conclusión: frente a estos doblajes, no hace falta leer y además el estímulo oral recibido es distorsionante. 

Es difícil esperar, en esas condiciones, que las nuevas generaciones adquieran espontáneamente el uso pulido de la lengua de la comunidad en la que viven.
Pero además, en los medios escolares:

Ø Los docentes aceptan, y hasta adoptan los nuevos usos.

Ø El tiempo dedicado a la escritura, tanto mecánica como de elaboración personal es también menor. Esto es en parte consecuencia de la difusión de las fotocopias, de las evaluaciones con respuestas de elección múltiple y de la aceptación por parte de la escuela de respuestas escuetas del tipo: "Colón", "1810" ó "Córdoba", cuya cumplimentación evade la construcción sintáctica. 

La lengua es un fenómeno dinámico, en permanente cambio, pero nunca como ahora se ha dado un proceso de achicamiento del vocabulario de una generación a la otra.

En los inicios de la era de la T.V, ésta acercó el lenguaje formal a algunos segmentos marginales, que por primera vez tuvieron "en su propia casa" el uso correcto de la lengua que sus padres no podían ofrecerles como modelo. Pero el lenguaje sintético, visual, ultrarrápido de la televisión, fue cambiando los códigos, y hoy sólo conservan la formalidad los programas denominados "culturales" que son, precisamente, muy poco vistos por los chicos. Las emisoras radiales, por la limitación propia del medio, recurren con más frecuencias a la construcción de imágenes mentales mediante el relato.

Paralelamente la T.V., y la aparición de nuevos pasatiempos, contribuyeron al alejamiento de la lectura de otro sector de la población, cuyos hijos, se suponía, estaban "destinados" al ámbito de la cultura escrita. 

El consumo de la televisión, como parte integrante de la vida cotidiana, genera cambios en el público y es a la vez un reflejo de los cambios del entorno, que la obligan a modificarse. 

Las generaciones adultas que consumieron cultura escrita, y manejaron la lengua en forma convencional con sus adultos representativos, tienen aún la posibilidad de usar de ella- y no perderla- cuando mantienen el hábito de la lectura y/o la escritura. Pero los jóvenes que no han tenido contacto fluido con la lengua formal, no han llegado a incorporar el manejo de las estructuras de la lengua, y no la pueden contar entre sus habilidades disponibles. Escriben con rigidez, leen lentamente y hablan con estructuras gramaticales limitadas.

Esto es elemental desde el punto de vista del acceso de los niños al manejo de la lengua "culta", incluyendo también los aspectos más frívolos de la misma. Pero desde el punto de vista del desarrollo del pensamiento, el "achicamiento" del lenguaje, tiene consecuencias cuyo alcance es importante tratar de precisar. El lenguaje es un código convencional y arbitrario. Pero en su establecimiento se basa no solamente la comunicación interpersonal, sino también la intrapersonal, y con ellas la posibilidad de la humanidad de evolucionar.

Filogenéticamente, el lenguaje articulado se hace posible -y necesario- a partir de la posibilidad del "hombre de las cavernas" de construir una imagen mental en ausencia del objeto real que la motivó. El desarrollo del gesto, del dibujo, y por último del lenguaje articulado, oral y escrito, son jalones de la carrera emprendida por el hombre, en un intento de comunicarse con los demás y consigo mismo. Depositó en el lenguaje la posibilidad de precisar, y sobre todo de pensar. El lenguaje es la materia prima del pensamiento. Indudablemente hablar no es igual a pensar, pero el pensamiento sólo puede ser montado sobre palabras (escritas o pensadas) y la posibilidad de avanzar en el desarrollo del pensamiento descansa en ellas.

Como era de esperar también ontogenéticamente el lenguaje hace su aparición cuando el niño puede imaginar algo que no tiene frente a sus ojos. La "permanencia" interna de ese objeto real toma cuerpo mediante la primera palabra que lo sustituye. La aprehensión del mundo que nos rodea es una función fundamental del lenguaje que lo mediatiza. Y el empobrecimiento del uso de la lengua, es una expresión de la disminución de la capacidad de meditación (y de mediatizar) que el desarrollo de los medios audiovisuales ha impuesto.

En el aspecto interpersonal, la lengua, oral o escrita, expresa constantemente el esfuerzo del emisor por ponerse en el lugar del receptor, requisito sin el cual la comunicación no es posible. Este ejercicio de descentración del punto de vista individual, pone a prueba tanto el grado de egocentrismo como el nivel epistémico de los que hacen uso de la lengua. 

La comunicación "asintáctica" se corresponde casi inevitablemente con la inmediatez de todas las comunicaciones actuales, de las cuales forma parte. Su consecuencia es la comunicación masiva y superficial. 

En la era de las comunicaciones globales, la incomunicación entre los individuos avanza.

La comunicación intrapersonal limitada en las posibilidades discursivas, pierde capacidad de análisis y de argumentación en perjuicio de la profundidad. El telespectador recibe síntesis ajenas comunicadas masivamente, cuya velocidad y rigidez impide la elaboración personal. Se renuncia al lenguaje interior sustituyéndolo por imágenes externas.

El lenguaje verbal es un mediatizador por excelencia, y la escritura mediatiza a su vez a éste, por lo tanto no puede estar al margen de los cambios que presente la comunicación en general.

Considerando que estos cambios son un hecho que por el momento aparece como irreversible, sería provechoso verle el lado positivo.

El uso de la lengua ha perdido precisión, sutileza, creatividad, y capacidad retórica, pero ha ganado en espontaneidad. 

El nivel promedio de vocabulario y complejidad sintáctica ha disminuido, pero los sectores marginales se han visto favorecidos por un accidental proceso de democratización, que les acerca información y contactos antes inaccesibles.

El mensaje sincrético que aparece preelaborado frente al individuo, restándole oportunidad para la meditación, la profundidad y el análisis, le exige velocidad en las respuestas y lo obliga a concretar decisiones. Acorta la distancia entre el estímulo y la respuesta. Desenmascara en muchas oportunidades, la palabra vacía, improductiva, de los "tenores huecos", y del enciclopedismo decorativo. 

La invasión de la tecnología y en especial de los medios de comunicación, ha modificado los hábitos de vida de la humanidad. El cambio puede estar al servicio de la alienación o del crecimiento, en función del proyecto con que se lo enfrente.

La intención de estas líneas no es cargar las tintas acerca de la responsabilidad de la televisión, considerando su cuestionado rol de agente educativo.

El objetivo es resaltar el hecho de que ante la influencia de los medios, hoy es más importante que nunca rescatar la función de los adultos responsables (padres y escuela), como reservorio de la cultura de una comunidad, especialmente de la lengua, pues representan la única oportunidad que tienen las nuevas generaciones de tener contacto rico con ella.