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EL DESARROLLO DE LA MENTE Y LA LECTURA

"...Obtenemos las virtudes ejercitándolas... ...como ocurre también en el caso de las artes. Las cosas que debemos aprender antes de hacerlas, las aprendemos haciéndolas; por ejemplo, los hombres se vuelven constructores construyendo y ejecutores de la lira tocando la lira; también nos volvemos justos ejecutando actos justos, moderados ejecutando actos moderados, valientes, ejecutando actos valientes... ...así pues, es muy importante que formemos hábitos de una u otra clase en nuestros jóvenes..."
ARISTOTELES, "Ética a Nicómaco"

Existe un elemento extraño en la mente humana, que la distingue radicalmente del cuerpo, que tiene unas limitaciones ajenas a la mente. Un signo de esta circunstancia es que el cuerpo no sigue incrementando su vigor y desarrollando destreza y elegancia indefinidamente.

Cuando una persona llega a los treinta años, su cuerpo ya no mejora; más aún, en algunos casos ya ha empezado a deteriorarse a esa edad. Pero no existe ningún límite para el crecimiento y el desarrollo de la mente, porque ésta no deja de crecer a ninguna edad en concreto; sólo cuando el cerebro pierde vigor, con la senectud, pierde la mente el poder de incrementar su destreza y su capacidad de comprensión. 

Es uno de los rasgos más destacables de los seres humanos, y prodría constituir la diferencia más importante entre el Homo sapiens y los demás animales, que parecen dejar de crecer mentalmente a partir de cierta etapa de su desarrollo, pero esta gran ventaja que posee el hombre conlleva un grave peligro. La mente puede atrofiarse, como los músculos, si no se la utiliza. La atrofia de los músculos mentales es la multa que pagamos no hacer ejercicio mental, y es una multa terrible, porque existen pruebas de que se trata de una enfermedad mortal. No parece haber ninguna otra razón que explique por qué tantas personas siempre muy atareadas mueren poco después de la jubilación. Les mantiene vivas las exigencias que les impone el trabajo a su mente; están apuntaladas artificialmente, por así decirlo, por fuerzas externas, pero en cuanto cesan tales exigencias, al no contar con recursos internos, con actividad mental, dejan de pensar y mueren. 

La televisión, la radio y todos los medios de entretenimiento e información que nos rodean en la vida cotidiana también son puntales artificiales. Nos dan la impresión de que nuestra mente está activa porque tenemos que reaccionar ante los estímulos del exterior, pero el poder de esos estímulos externos para mantenernos es limitado. Se parecen a ciertas drogas. Nos acostumbramos a ellas y las necesitamos cada día más, continuamente, hasta que, por último, dejan de hacer efecto, o su efecto es menor. De igual manera, si carecemos de recursos interiores, dejamos de crecer intelectual, moral y espiritualmente, y cuando dejamos de crecer, empezamos a morir. 

Por tanto, leer debidamente, que equivale a leer activamente, no sólo constituye un bien en sí, ni un simple medio para progresar en nuestro trabajo o carrera; también sirve para mantener la menta viva y en crecimiento.