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EL APRENDIZAJE GENERATIVO

La siguiente anécdota ilustra muy bien la diferencia entre el aprendizaje simple y el generativo. Gregory Bateson, autor de libros sobre comunicación y teoría de sistemas, relata en su obra"Steps to the Ecology of thc Mind" la experiencia que tuvo cuando estudiaba las pautas de comunicación de los delfines en el Instituto de Investigación Marina de Hawai.

Bateson trabajó con los entrenadores que enseñaban a los delfines a actuar para el público. El proceso empezó con un delfín ingenuo. El primer día, cuando el delfín hizo algo desacostumbrado, como saltar fuera del agua, el entrenador tocó un silbato y le arrojó un pescado como recompensa. Cada vez que el delfin actuaba de esa manera, el entrenador tocaba el pito y le daba un pescado. El delfín tardó muy poco en aprender que ese comportamiento le proporcionaba un pescado, de modo que empezó a repetirlo con mayor frecuencia, y cada vez reclamaba un pescado.

Al día siguiente, el delfín ejecutó el salto nada más salir y se quedó esperando el pescado. No hubo pescado. El delfín repitió el salto varias veces, pero todas infructuosamente, hasta que al fin, enojado, hizo algo distinto, como rodar sobre sí mismo. Entonces el entrenador tocó el pito y le arrojó un pescado. Cada vez que el delfín repitió el nuevo truco en esa sesión de entrena miento, recibió un pescado como recompensa. No había pescados para el truco del día anterior, sólo para algo nuevo.

Esta pauta se repitió durante catorce días. El delfín salía y hacía el truco que había aprendido el día anterior, pero era en vano. A menudo repetía los trucos de varios días atrás, sólo para ver cuáles eran las reglas, pero sólo era recompensado cuando hacía algo nuevo. Sin duda esto debía de resultar muy frustrante para el delfín. El decimoquinto día, no obstante, fue como si el delfín aprendiera de pronto las reglas del juego. Se puso frenético y dio un espectáculo asombroso en el que mostró ocho nuevas formas de comportamiento, cuatro de las cuales no se habían observado nunca en la especie. Al parecer, el delfín comprendía no sólo la manera de generar comportamientos nuevos, sino también las reglas de cómo y cuándo generarlos. Los delfines son listos.

Un último detalle: durante los catorce días que estuvo con el entrenador, Bateson vio que éste le daba pescados al delfín sin que se los hubiera ganado, fuera de la situación de entrenamiento. Bateson sintió curiosidad y le preguntó por qué lo hacía. El entrenador contestó: "Ah, eso. Es para seguir en términos amistosos, por supuesto. Después de todo, si no tenemos una buena relación no se molestará en aprender nada".