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EDUCACIÓN E INTELIGENCIA

En el proceso unitario de la formación integral de la personalidad, el momento de la educación intelectual desarrolla una función insustituible. Y a lo largo del tiempo se han dado exageraciones tanto en el sentido de una acentuación de los contenidos cognoscitivos (aspecto material) como en el de una sobrevaloración de las funciones y de los procesos de la conquista intelectual. 

La educación de la persona necesita simultáneamente los aspectos formal y material, los contenidos y los procesos, principios y habilidades funcionales. Los estudios filosóficos, sociológicos y sicológicos recientes han contribuido a clarificar mejor estos aspectos. 

En el campo de la educación intelectual nos han ofrecido notables aportaciones Jean Piaget (1896-1980) y J. Bruner (1966), entre otros. Para Piaget el desarrollo de la inteligencia sigue una idea evolutiva caracterizada por estadios, en cada uno de los cuales suceden cambios sustanciales en el ámbito del comportamiento inteligente:

1) estadio sensitivo-motor de cero a dos años; 
2) estadio preconceptual, de dos a cuatro años; 
3) estadio del pensamiento intuitivo o preparatorio o irreversible, de cuatro a siete años; 
4) estadio del pensamiento operatorio-concreto o reversible, de siete a once años; 
5) estadio de las operaciones formales, del pensamiento abstracto o hipotético-deductivo, de once a trece años o más. Igualmente habla de tres grandes momentos: autismo, de cero a tres años; egocentrismo, de cuatro a siete años; objetividad, de ocho a trece años. 

En lo referente a la relación entre inteligencia, aprendizaje y acción educativa, cada vez parece más limitante referirse a una sola corriente o a un único autor, cuando ya es de dominio común que tal relación implica también valencias emotivas, afectivas, corporales y relacionales, sobre las que el sicoanálisis más reciente ha ofrecido algunas contribuciones importantes. 

En el ámbito pedagógico y educativo es siempre oportuno un reconocimiento crítico de las diversas posiciones y una adquisición de las nuevas aportaciones para traducirlas en una praxis educativa basada en el conocimiento cada vez mayor de los dinamismos evolutivos de la inteligencia del estudiante. 

La educación intelectual es la educación del hombre en cuanto capacidad de juzgar, de razonar y de conocer los atributos fundamentales de la realidad. El hombre es el único ser que, en virtud de su inteligencia, puede aprender, comunicar y dar vida a relaciones sostenidas por la cultura y por motivaciones éticas y religiosas. 

Además, podemos afirmar que la educación intelectual es el momento de aplicación concreta de la educación moral. En la educación intelectual podemos distinguir los momentos de: 

1) Enseñanza: momento didáctico, orientado a los aprendizajes a través de la mediación entre aspecto material y aspecto formal. 

2) Formación: caracterizada por la señal del dominio personal de la materia y de las funciones intelectuales de conquista, elaboración e invención; es el momento en el que la persona alcanza la unidad entre los diversos saberes adquiridos y manifiesta el dominio activo y crítico de las funciones del pensamiento hasta la conquista de nuevas posibilidades prácticas y de nuevas metas teóricas. 

3) Educación: otorga sentido y valor a los momentos precedentes y acentúa la intencionalidad de la inteligencia como valor de la persona proyectada hacia su total autonomía. 

Al hablar de la relación entre inteligencia y educación es oportuno aludir al problema de la hipo y de la hiperdotación intelectual, en cuyo campo las investigaciones han dicho ya mucho respecto a los factores endógenos y exógenos que pueden obstaculizar o favorecer el desarrollo intelectual, pero que por otra parte han levantado también problemas y polémicas sobre la modalidad de intervención educativa.