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Ciencia, Tecnología y Sociedad


Ciencia, Tecnología y Sociedad
©Juan Pdero Viñuela
       

Nos proponemos reflexionar en este modesto artículo sobre la nueva optativa que propone el ministerio para ofertarla indistintamente en 1º o 2º de Bachiller, nos estamos refiriendo a la tan traída y llevada: Ciencia, Tecnología y sociedad. Me propongo arrojar un poco de luz sobre el sentido de esta 0disciplina así como sobre las pretensiones que el ministerio tiene con su propuesta.

La primera impresión que tenemos ante el título de esta asignatura es la de perplejidad. Si bien todo el mundo, sea científico, filósofo, sociólogo, o el hombre de la calle simplemente, reconocen que existe algún tipo de relación entre estos tres términos, ninguno de ellos sabrá acertar con una definición que nos pueda relacionar estos tres conceptos. Es más, los diversos profesionales lo enfocarán desde distintas perspectivas, por supuesto, cargadas de su propia ideología e intereses propios de su grupo profesional. Así, el sociólogo pretenderá una reducción sociologista, el científico aplicará su dogmática positivista y el filósofo puede caer en una actitud reaccionaria y moralista que denuncie como peligroso cualquier avance tecnológico y científico; proyectando, de esta forma, un discurso apocalíptico.

Es mi intención en este escrito salir del enfoque que puedan dar estos distintos profesionales. En primer lugar me gustaría hacer un breve análisis de las pretensiones del ministerio en relación con eta nueva disciplina. Pero antes debemos hacer una breve historia. Los programas C.T.S. (ciencia, tecnología y sociedad) no son algo que haya aparecido de forma espontánea y precisamente aquí en España (no somos tan postmodernos). Por el contrario, estos programas tienen su origen hace ya unos treinta años en los EE.UU. y tenían como finalidad la formación de ingenieros. Era un hecho que en este país escaseaban los estudiantes de estas disciplinas, existiendo una gran mayoría de estudiantes de ciencias fundamentales y humanidades. De esta forma, los programas CTS pretendían acercar las disciplinas tecnológicas a la ciencia y a la sociedad. De lo que se trataba es de mostrar las implicaciones de la investigación y desarrollo tecnocientífico en la sociedad. Lo que estaba latente en estos primeros programas era una ideología claramente progresista y, ciertamente, acrítica con respecto al desarrollo tecnocientífico.

Por otro lado, tenemos un desarrollo posterior del programa CTS que tiene como origen una reflexión ética sobre la ciencia. Esta reflexión surge como consecuencia del desencanto de la sociedad estadounidense con respecto a su propio sueño. Es lo que se ha denominado el "fin del sueño americano". La tecnología, no sólo no nos puede proporcionar la felicidad, no resuelve todos los problemas; sino que, por el contrario, da lugar a un número de problemas nuevos de difícil solución. El desarrollo tecnocientífico a puesto al hombre al borde de su extinción. Las nuevas tecnologías están en manos, no de los científicos -amantes del saber desinteresadamente- sino de los gobiernos y sus ministerios de defensa que son los que financian y proponen los fines de las nuevas tecnologías. No nos vamos a detener aquí en la ilustración histórica de esta tesis puesto que ya es de dominio público. Todo ello ha llevado a un planteamiento ético y político. La pregunta que hay que hacerse es de quién depende el control de la ciencia, de los expertos o de la sociedad civil.

Si realmente estamos en una democracia, entonces, el control de la ciencia -como el de cualquier otra institución- debe estar en manos de la sociedad civil. Ahora bien, en el caso de la ciencia nos encontramos con una serie de problemas que hacen más complejo este control. La ciencia es poder, el que la controla, tiene el poder; esto conlleva un conflicto de intereses. Por otro lado, la ciencia requiere un aprendizaje riguroso, y diríamos que casi ascético. El científico y el tecnólogo se transforman entonces en unos individuaos que hablan un lenguaje extraño, que para el hombre de la calle es absolutamente incomprensible, al igual que los artefactos tecnológicos, por más que los utilicemos a diario, no dejan de tener un carácter mágico, debido a nuestra extensa ignorancia. De esta forma, el tecnólogo y el científico se transforman en el nuevo chaman de la tribu.

Por mi parte, creo que la vía de solución de este problema viene de la mano de la progresiva formación de los ciudadanos en el ámbito precisamente de la ciencia, tecnología y sociedad. El control de la tecnociencia -y aquí me rasgo las vestiduras en defensa de la democracia- tiene que estar en manos de la sociedad civil. Ahora bien, esto, como veremos plantea terribles problemas. Por mi parte, intentaré con esta breve reflexión abrir un camino de solución

Pero sigamos con la historia. ¿Qué es lo que ha ocurrido aquí en España? Pues que el ministerio se ha dejado caer con una asignatura llamada CTS. Sin asignársela en concreto a ningún seminario y, además, de carácter optativo. Nos encontramos, pues, con una situación anómala desde el principio. Resulta que lo que se pretende en España es fomentar la aparición de ingenieros, por un lado, y, por otro, evidenciar en el sistema educativo las interrelaciones existentes entre los términos de nuestra disciplina. ¿Cómo es posible llevar a cabo esta tarea si no se transforma la enseñanza en su conjunto?. No se trata, de ninguna de las maneras, salvar el problema, proponiendo una disciplina con este título y, además, de carácter optativo. Sino que de lo que se trata es de una transformación de la enseñanza científica y humanística desde la perspectiva ciencia, Tecnología y sociedad. Es decir, dicho muy a groso modo, que la enseñanza de la ciencia no puede ir desligada de su implicación y enraizamiento social. Y que, por su parte, la enseñanza de las humanidades no puede olvidar la ciencia y la tecnología como claves indispensables para entender el cambio social e histórico. Hay que señalar aquí -muy a mi pesar- la profunda ignorancia que sobre la tecnociencia tiene el alumnado y el profesorado de humanidades. Tampoco la mayoría de los filósofos se escapan a esta cruda verdad. Quisiera señalar aquí, aunque esto sería un tema de reflexión largo, que la Filosofía es un conocimiento de segundo orden. Los filósofos no descubrimos verdades, no investigamos los objetos de primera mano. Nos tenemos que acostumbrar a pensar que nuestra investigación versa sobre lo que otros ya han hecho. Concretamente me refiero al caso de la ciencia. La metafísica o la ontología de hoy en día la hace el científico. La mecánica cuántica es metafísica, la bioquímica es una ontología parcial, y así sucesivamente. El filósofo, sobre todo en el sentido de filósofo de la ciencia, tiene como misión la de proponer un programa de investigación "metafísico" lo más omniabarcativo posible. Particularmente tengo mi idea al respecto y estoy trabajando en ello, pero no es este ni el momento ni el lugar de extenderse en este tema. Pero esto implica para el filósofo un conocimiento de la ciencia (sabemos que no es posible un conocimiento de especialistas, pero sí global y, sobre todo, histórico metodológico).

Con este estado de cosas nos encontramos con que el ministerio, una vez más, pretende engañarnos enseñándonos el caramelo de la posmodernidad y la era europea como la única tabla de salvación para la maltrecha economía española; pero lo hace, como siempre, de una forma chapucera. En lugar de arriesgarse y adoptar un programa completo CTS para toda la enseñanza -como existe en diversos países europeos: Holanda, Alemania, Inglaterra..- nos quiere contentar con este título. Una vez más, y por desgracia, no sólo para la enseñanza, sino para todos los españoles, estamos en la cultura de la imagen. Lo que a mi me gusta llamar la "cultura epidérmica" que venimos SUFRIENDO desde hace ya más de una década.

En principio, la idea del ministerio era que la asignatura CTS fuese impartida por sociólogos. Estos garantizarían la ideologización de las sucesivas generaciones de estudiantes, afianzándolos en la cultura capitalista y de consumo de las nuevas tecnologías; eliminando, por supuesto, cualquier actitud crítica frente al desarrollo tecnocientífico. Por diversos motivos, la organización de la actual LOGSE no ha desarrollado el plan CTS. y el ministerio reduce este macroplan a una asignatura optativa de segundo orden, con el peligro de convertirse en una "maría", si es que tenemos la suerte de poderla impartir en nuestros centros.

Ante esta situación ¿qué es lo que podemos hacer? En primer lugar, quiero manifestar mi intención -aunque pienso fundamentarla- de que esta disciplina debe impartirla el departamento de Filosofía; si bien, el profesorado que la imparta deberá tener una formación especial. En el actual sistema de enseñanza, ni el profesor de ciencias en términos generales y tampoco el filósofo, están lo suficientemente preparados para abordar esta disciplina. El científico y el tecnólogo pueden caer, simplemente en la descripción pura y llana de los diversos artefactos. Olvidando su historia y sus diversas implicaciones sociales, ya sean como causa o como efecto del cambio social. Por su parte, y como dijimos más arriba, el filósofo puede caer en un discurso metafísico y moralista; o, simplemente, ser incapaz de abordar los aspectos técnicos de funcionamiento de artefactos y explicación de leyes físicas y biológicas, por decir algunas, simplemente por su ignorancia en el tema. Ante esta difícil situación intentaré desarrollar mi propuesta. Como dije, creo que la persona más indicada, actualmente, para llevar a cabo mi proyecto es el filósofo; eso sí, tras un previo aprendizaje. Creo que el científico también podría realizarlo, pero tendría que desaprender (en el sentido de desideologizarse) el paradigma en el que se ha educado desde el mismo inicio de sus estudios de ciencias en el bachiller. Si cumplen estas condiciones, tanto el científico como el filósofo tendrán intereses comunes, como siempre ha sido, y no nos encontraremos ante situaciones verdaderamente lamentables de enfrentamiento entre científicos y filósofos que sólo pueden perjudicar al conocimiento y a la educación.

En primer lugar creo que el programa CTS debe enfocarse desde una perspectiva crítica. Con ello creo que hay que alcanzar o perseguir dos objetivos centrales. El primero de ellos es el del planteamiento de la tecnociencia como un saber que para nada es autónomo e independiente de los diferentes grupos sociales que lo llevan a cabo y de la sociedad en general que experimenta sus consecuencias; ya sea de un modo positivo o negativo. En segundo lugar, se requiere un conocimiento teórico básico para hacer posible esta posición crítica, aludida anteriormente, desde la cual plantearnos la realidad tecnocientífica.

A mi parecer, el modo más indicado para enfrentarse a la realidad de la ciencia, desde una perspectiva -paradigmáticamente distinta- a la educación propiamente de ciencias- es el enfoque histórico de alguna disciplina científica. Con ello persigo el objetivo fundamental de mostrar el saber científico como una construcción humana que no es nunca definitiva. La dimensión "ineludiblemente histórica" de la ciencia introduce un momento de relativismo en la postura dogmática bajo la cual se enseña la ciencia en nuestros institutos y universidades. A su vez, esto nos abre la puerta al planteamiento de una serie de temas clásicos en la teoría de la ciencia; como son el tema de la verdad y el progreso en la ciencia. Ni la verdad científica es nunca definitiva, ni el progreso científicotécnico es independiente y autónomo con respecto a las distintas instituciones que constituyen la sociedad.

La historia de la ciencia nos permite conocer lo que se denominó en la filosofía clásica de la ciencia "el contexto de descubrimiento", también llamada la historia externa de la ciencia. Esta historia externa es, de alguna manera, determinante en el desarrollo de las ciencias. Esto nos llevará directamente a la sociología del conocimiento y el programa fuerte mantenido por Bloor. Pero este tema lo trataríamos en el bloque de filosofía de la ciencia; en el que nos plantearíamos como reflexión final la búsqueda de una racionalidad en el progreso de la ciencia, una vez que se han puesto en duda los antiguos criterios de racionalidad de la filosofía clásica de la ciencia.

La forma de abordar esta historia de la ciencia puede ser; o bien, general, o, de alguna ciencia en particular. Personalmente sugiero la segunda vía.

Un segundo bloque de conocimientos sería el propiamente dicho de filosofía de la ciencia. El filósofo no debe renunciar al bagaje de conocimientos que le ha proporcionado la reflexión sobre la ciencia que ha tenido lugar durante todo el siglo XX. Propongo en este caso una historia de la filosofía de la ciencia del siglo XX. La pregunta directriz es ¿cómo es posible el conocimiento científico? ¿Cuáles son los criterios de racionalidad que hacen posible el conocimiento científico? ¿Qué es lo característico, si es que existe, del discurso científico que lo diferencia de otros discursos como el mítico o religioso, etc?.
Este bloque terminaría con la crítica de la moderna sociología de la ciencia y su crítica a la racionalidad del método científico. Los sociólogos de la ciencia han puesto en entredicho la filosofía de la ciencia clásica; y, su llamado programa fuerte, reduce el saber científico a lo social. Es la llamada postura sociologista. Esto, por su puesto, ha dado lugar a los llamados "relativismos epistemológicos". Podríamos enunciarlo de forma vistosa diciendo que no existe una diferencia entre el discurso de un astrónomo frente al de un astrólogo. O, que la medicina oficial no se diferencia básicamente en su discurso de los quehaceres del primitivo curandero de una tribu del amazonas. En definitiva, no hay nada en el discurso de la ciencia, para el sociologista, que garantice la consecución de la verdad. Es más, la verdad, es una cuestión artificial y, en definitiva, una construcción social. a estas posturas, por ello, se les ha denominado también "constructivistas". La ciencia, dicen, es -como cualquier otra institución cultural- una construcción social.

Por mi parte, creo que la sociología de la ciencia presenta un peligro para la actividad científica y sus repercusiones sociales. Creo que es una moda. Pero, también admito que su crítica, y el reto que nos plantea, son para tenerla muy en cuenta. Así propongo que como filósofos de la ciencia no debemos renunciar a la racionalidad de ésta. Y debemos insistir en la búsqueda de nuevas formas de racionalidad que puedan dar cuenta de las críticas sociologistas. Por su puesto, no todo filósofo de la ciencia ha de estar de acuerdo con esto. Habrá quienes afirmen que la sociología de la ciencia ha desenmascarado realmente la ideología dominante que subyace al discurso científico. Sea como fuere, considero que la propuesta sociologista es ya imprescindible, y que la nueva filosofía de la ciencia tiene que partir de una reflexión seria sobre sus descubrimientos. La sociología de la ciencia nos ha mostrado la dimensión social de la tecnociencia con todo lo que ello significa. Ahora bien, que esto implique la eliminación de la racionalidad, o la posibilidad de un discurso racional es ya otro cantar.

Otro bloque de interés que podríamos abordar en nuestro curso es el estudio de la tecnología. En primer lugar tendríamos que abordar el concepto de técnica y tecnología. Relacionar nuestra naturaleza biológica con nuestra naturaleza técnica. Marcar cuáles son nuestras peculiaridades, en tanto que seres biológicos, que nos permiten crear técnica. Una segunda forma de abordar el tema sería haciendo una historia de la técnica. En este caso, el planteamiento podría ser doble, igual que dijimos con respecto a la ciencia. El objetivo último de esta historia sería la conceptualización de la relación entre ciencia y técnica hasta que se llegue a la noción actual de la indisolubilidad entre ciencia y técnica. El saber de hoy en día es un saber tecnocientífco. Esta tesis se demuestra fácilmente con el estudio de la ciencia del siglo XX. Así pues, hoy en día no existe ni ciencia ni técnica, sino tecnociencia; o, TECNOLOGÍA, como a otros les gusta llamarla.

Otro objetivo que se debe alcanzar con la reflexión sobre la tecnología es la implicación en el cambio social que ella conlleva. Y, por tanto, la asunción de posturas éticas (necesidad de un discurso ético globalizado a toda la sociedad civil) frente a las diferentes conquistas de la tecnología. Aquí abordaríamos este reflexión a partir de las diferentes relaciones entre ciencia y poder (militar y político) que se han dado en el siglo XX. Mostraríamos que el desarrollo tecnocientífico no hubiera sido posible en el siglo XX sin la implicación de objetivos estrictamente militares y políticos. Asimismo, habría que mostrar las diferentes relaciones entre las distintas tecnologías. Por último, nos veríamos obligados -por nuestro imperativo racional- a elaborar un criterio de racionalidad que nos permita explicar el cambio en los artefactos (evolución de la tecnología). Me resisto a pensar, como se puede adivinar, que el cambio y el surgimiento de nuevas tecnologías obedece sólo a razones sociales (intereses de grupo).

Creo que con esta propuesta justifico el programa CTS. Aunque sería necesario que la enseñanza de esta asignatura -ya que no se ha realizado el programa en su conjunto- debería ser obligatoria para todos los bachilleratos. Mi propuesta, como se ve está enfocada desde el racionalismo crítico, aunque pueden existir muchos otros enfoques. A pesar de todo ello creo que en este fin de siglo es necesario un poco de cordura racional que nos sirva como muleta para dar unos pases al toro del relativismo.


BIBLIOGRAFÍA BÁSICA. MASON Stiphen. "Historia de las ciencias." A.E. DERRY T.K. TREVOR I. WILLIAMS. "Historia de la tecnología." S.XXI MEDINA, SANMARTIN: "Ciencia, Tecnología y sociedad." Anthropos. MITCHAM: "¿Qué es la filosofía de la Tecnología?" Anthropos. LÓPEZ CEREZO Y LUJÁN LÓPEZ: "El artefacto de la inteleigencia" Anthropos. COULD: "La falsa medida del hombre: Un argumento contra el determinismo biológico." Antoni Boch Editor. SANMARTIN, J. "Los nuevos redentores" Anthropos. Juan Pedro Viñuela