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Albert Einstein

 

LA GRANDEZA DE ALBERT EINSTEIN
BERTRAND RUSSELL 

 “Einstein fue, indiscutiblemente, uno de los más grandes hombres de nuestro tiempo. Poseía en alto grado la sencillez característica de los mejores científicos, que brota del deseo sincero de conocer y entender cosas que son totalmente impersonales. Poseía, además, la virtud de no dar por supuestas las cosas que nos son familiares. Newton se preguntaba por qué caían las manzanas; Einstein expresaba su "sorprendido agradecimiento" por el hecho de que cuatro barras iguales pudieran formar un cuadrado, ya que en la mayoría de los universos que podía imaginar no existía nada parecido a los cuadrados.

También demostró grandeza en sus cualidades morales. En privado era un hombre amable y modesto; en el trato con sus colegas (hasta donde yo se) se comportaba con una absoluta carencia de envidia, que es más de lo que puede decirse de Newton y Leibniz. En sus últimos años, la teoría de la relatividad estaba más o menos eclipsada en el interés de los científicos por la de los cuanto, pero jamás descubrí en él señal alguna de que esto supusiera una vejación para su persona. Estaba profundamente interesado en los asuntos del mundo. Al término de la Primera Guerra Mundial, cuando por primera vez establecí contacto con él, era pacifista, pero luego se vio obligado a cambiar de punto de vista (como también me ocurrió a mí) a causa de Hitler. Él, que se consideraba ciudadano del mundo, se encontró con que los nazis le empujaban a pesar de que era judío, y a alinearse al lado de la causa judía en todo el mundo. Una vez terminada la Segunda Guerra Mundial se unió al grupo de científicos norteamericanos que trataban de encontrar la forma de evitar los desastres que para la humanidad suponía la bomba atómica.

Cuando los comités del Congreso norteamericano iniciaron sus inquisitoriales pesquisas sobre actividades supuestamente subversivas, Einstein escribió una carta, que tuvo amplia difusión, exhortando a cuantos desempeñaran cargos académicos a negarse a testificar ante dichos comités o ante juntas, casi igual de tiránicas, establecidas por algunas universidades. Apoyaba su recomendación en la Quinta Enmienda, que establece que ningún hombre está obligado a responder a una pregunta si su contestación puede resultar incriminatoria para él, y en que los inquisidores habían anulado la finalidad de tal enmienda ya que consideraban que negarse a contestar podía estimarse como evidencia de culpabilidad. Si se hubiese seguido la postura de Einstein, incluso en aquellos casos en que la presunción de culpabilidad resultaba absurda, la libertad académica habría salido muy beneficiada. Pero en el sauve qui peut generalizado, ninguno de los "inocentes" le hizo caso.

Einstein abordaba todas las actividades públicas con absoluta modestia, mostrándose únicamente deseoso de hallar la forma de evitar a la raza humana las desgracias que podían acarrearle sus propias locuras. Pero, aun cuando el mundo le aclamaba como hombre de ciencia, su sabiduría en las cuestiones públicas era tan sencilla y profunda que las personas que las personas "expertas" la consideraron mera necedad.

Aunque los trabajos de Einstein han sido muchos e importantes, al margen de la teoría de la relatividad, es ésta la que le ha proporcionado mayor fama; con toda justicia, por lo demás, ya que su importancia es fundamental tanto para la ciencia como para la filosofía. Muchas personas (incluyéndome yo mismo) han tratado de describir su teoría en términos divulgativos, y no es ésta mí intención aquí. Pero intentaré decir unas palabras sobre la forma en que afecta a nuestra concepción del Universo. Como todo el mundo sabe, la teoría de la relatividad fue publicada en dos fases: la primera, que corresponde a la relatividad restringida, en 1905; y la segunda, que corresponde a la general, en 1915. La teoría de la relatividad restringida afectaba grandemente tanto a la ciencia como a la filosofía: primero, porque explicaba el resultado del experimento de Michelson-Morley, que había tenido perplejo al mundo durante treinta años; segundo, porque explicaba el aumento de masa con la velocidad que se había observado en los electrones; tercero: porque condujo a la reciprocidad de la masa y la energía, que se ha convertido en un principio físico esencial. Las que hemos expuesto son sólo algunas de las razones que le confirieron su importancia científica.

Desde el punto de vista filosófico, la teoría de la relatividad restringida implicaba una revolución en formas de pensar profundas enraizadas, ya que exigía un cambio de nuestra concepción de la estructura espacio-temporal del mundo. La estructura es el factor constitutivo fundamental de nuestro conocimiento del mundo físico, y a lo largo de las diversas épocas se había concebido como dependiente de dos variables distintas: el tiempo y el espacio. Einstein demostró que, por razones en parte experimentales y en parte de naturaleza lógica, ambas debían ser sustituidas por una sola, que denominó espacio-tiempo. Si dos acontecimientos se producen en distintos lugares, no puede decirse, como se suponía antes, que están separados entre sí por tantos kilómetros y minutos, ya que varios observadores, todos igualmente meticulosos, establecerán distintas estimaciones de los kilómetros y los minutos, en todos los casos legítimas. Lo único que es igual para los diferentes es lo que llamamos "intervalo", una especie de combinación de distancia espacial y la distancia temporal según se concebían anteriormente.

La teoría de la relatividad general tiene un alcance más amplio que la restringida, y es más importante desde el punto de vista científico. Consiste, principalmente, en una teoría de la gravitación. Durante los 230 años transcurridos desde Newton no se había logrado avanzar lo más mínimo en la explicación de aquélla, aunque la acción a distancia que parece exigir siempre resultará difícil de aceptar. Einstein hizo de la gravitación una parte de la geometría: dijo que su existencia se debía al carácter del espacio-tiempo. Existe lo que denominamos "principio de la acción mínima", según el cual un cuerpo elige siempre, para desplazarse de un lugar a otro, la ruta más fácil, que puede no ser la línea recta: en algunos casos resulta más conveniente evitar las cimas montañosas y los valles profundos. Según Einstein (empleando un lenguaje tosco que puede inducir a confusión si se toma literalmente), el espacio-tiempo está surcado de montañas y valles, razón por la que los planetas no se desplazan en línea recta. El Sol se encuentra en la cima de una colina, y los planetas perezosos prefieren rodear la falda de ésta en vez de trepar hasta la cumbre. Se realizaron algunas pruebas experimentales muy refinadas tendientes a establecer quién encajaba el conjunto de los hechos con mayor precisión, y casi todo el mundo, con excepción de los nazis, aceptó la teoría de Einstein.

Como consecuencia de la Teoría General de la Relatividad surgió a la luz algunos hechos singulares. Parece que el Universo tiene un tamaño finito, aunque es ilimitado (no trate el lector de entenderlo, a menos que haya estudiado geometría euclidiana). Parece también que el Universo aumenta continuamente de tamaño: la teoría indica que había de hacerse o siempre más grande o siempre más pequeño; de la observación de las nebulosas distantes puede deducirse que cada vez es mayor. Al parecer, nuestro Universo actual se inició hace unos 2.000 millones de años , y es imposible conjeturar que había antes, si es que existía algo. 

Supongo que Einstein sigue siendo considerado, en la estimación del público en general, un innovador revolucionario. Sin embargo, para los físicos se ha convertido en el líder de la "vieja guardia". Ello se debe a su negativa a aceptar algunas de las innovaciones de la teoría cuántica . El principio de incertidumbre de Heisenberg , junto con otros que conforman dicha teoría, ha producido resultados muy curiosos. Parece que el comportamiento individual de los átomos no responde a leyes estrictas, y que las regularidades observadas en el mundo sólo son de carácter estadístico. Lo que sabemos sobre el comportamiento de la materia, según este punto de vista, se asemeja a lo que las compañías de seguros conocen acerca de la mortalidad. Dichas compañías desconocen, y no les importa saberlo, cual de los individuos que suscriben pólizas de vida morirá en un año determinado. Lo único que toman en consideración es la medida estadística de mortalidad. Ahora se nos dice que las regularidades a las que nos tenía acostumbrados la física clásica son simplemente de este tipo estadístico. Einstein jamás aceptó este punto de vista. Seguía creyendo que existen leyes, aunque hasta el momento no hayan sido determinadas, que rigen el comportamiento de los átomos individuales. Para cualquiera que no sea físico profesional resultaría excesivamente temerario permitirse opinar al respecto hasta que todos los físicos se pongan de acuerdo, pero pienso que es necesario admitir que el grueso de las opiniones competentes en este asunto se oponía a las de Einstein. Todo ello resulta sorprendente en grado sumo si se tiene en cuenta que él fue el autor de un trabajo que hizo época en la teoría cuántica, y que le hubiera situado en un lugar prominente entre los físicos aunque jamás se le hubiera ocurrido la teoría de la relatividad.

La Teoría Cuántica es más revolucionaria que la de la Relatividad, y no creo que haya manifestado aún toda su capacidad para alterar nuestras concepciones del mundo físico. Sus fantásticos efectos son muy curiosos.. Aunque nos ha concebido nuevos poderes para manipular la materia, incluyendo los más siniestros, encarnados en las bombas atómicas y las de hidrógeno, nos ha demostrado nuestra ignorancia en muchas cosas que creíamos saber. Con anterioridad a la Teoría de los Cuantos, nadie ponía en duda que, en un momento determinado, una partícula se encontraba en un lugar determinado, una partícula se encontraba en un lugar definido y se movía con una velocidad determinada. Este no es ya el caso. Cuanta mayor precisión se tenga al establecer el lugar que ocupa una partícula, menos precisa será su velocidad; cuanto más exacta sea la determinación de su velocidad, menor será la de su posición. Y la partícula misma ha pasado a ser una entidad bastante vaga, no la preciosa bolita de billar que solíamos imaginar. Cuando uno piensa que la ha agarrado, logra escabullirse adoptando la forma de onda y no de la partícula. En realidad, lo único que se conoce son ciertas ecuaciones cuya interpretación es oscura.

Ese punto de vista disgustaba a Einstein, que luchaba por mantenerse más cerca de la física clásica. Pese a todo, fue el primero en desplegar los imaginativos panoramas que han revolucionado la ciencia durante el presente siglo.

Terminaré igual que he empezado: era un gran hombre, quizá el más grande de nuestro tiempo .