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¿QUÉ CARRERAS HABRÁ QUE ESTUDIAR EN EL FUTURO?

Hace no muchos años una conocida academia privada de formación profesional basaba su publicidad en la figura de un joven que enarbolando con felicidad un diploma en su mano, creía que el certificado lo "salvaba" para toda la vida. Hoy esa academia ya no existe y tampoco la posibilidad de tener el futuro asegurado por haber obtenido un título. Se prevé que cualquier joven que egrese de una escuela media o Universidad en la próxima década deberá afrontar no menos de 5 cambios sustantivos de tipo de trabajo en el transcurso de su vida útil. Aun cuando determinadas profesiones o papeles ocupacionales sobrevivan, las transformaciones tecnológicas cambiarán permanentemente sus formas de ejercicio laboral (Rama, G., 1995).

La vertiginosidad de estos cambios genera desafíos inéditos. Por ejemplo, actualmente el promedio de años que lleva formar un técnico especializado o un profesional universitario en nuestro país es cercano a siete. En la perspectiva anteriormente planteada es posible contemplar la alternativa de que un joven comience a estudiar una profesión que para cuando obtenga el diploma, ya habrá desaparecido o transformado radicalmente los requerimientos para su desempeño.

¿Qué implicancias presenta esta nueva situación para la educación. ¿Cuáles son las tendencias que habrá que tomar en cuenta para tomar decisiones en materia educativa? Mencionaremos tres de las más importantes:

a) Aumento de la plataforma de estudios mínima requerida para el ingreso al mercado de trabajo. Diferentes estudios prospectivos muestran que dentro de una década más del 90 por ciento de los puestos de trabajo de las sociedades van a exigir un mínimo de 10/12 años de estudio (Argumedo, A., 1996). Esta tendencia modificará radicalmente el actual concepto de educación básica que se restringe al nivel primario. títulos que otorgue la escuela media se convertirán en la certificación haber obtenido la "alfabetización" mínima requerida para cualquier o de desempeño laboral.

b) Focalización del esfuerzo de las carreras universitarias de grado en una formación general y amplia en áreas del conocimiento más abarcadoras que las actuales. Ello implicará la postergación de la adquisición de especializaciones profesionales hacia el nivel del posgrado. Es posible afirmar que ya se ha iniciado un proceso que revierte la histórica tendencia universitaria de las últimas décadas: la nación de especialistas. La imposibilidad de predecir las modalidades profesionales que se requerirán en un plazo de 5 o 10 años está generando la necesidad de preparar universitarios con una formación icho más amplia, abarcadora y flexible que permita el acceso posterior a múltiples opciones de especialización profesionalizante de acuerdo con las demandas del momento. Desde esta perspectiva, el título de grado probablemente requerirá menos años de estudio. Pero función principal será la de habilitar para el acceso a un curso de especialización, un diplomado, maestría o doctorado. Su valor para el ingreso directo en el mercado de trabajo disminuirá considerablemente. La ampliación de los años de estudio en el nivel superior significará que una masa importante de jóvenes deban postergar su acceso al primer empleo hasta después de los 30 años. ¿Deberán las familias sostenerlos económicamente hasta esa edad?

c) Articulación más estrecha entre los centros de aprendizaje técnicos y las Universidades con el mundo de las empresas y una participación más activa de éstas en la capacitación de sus trabajadores. Los cambios permanentes en las tecnologías utilizadas en producción restringen considerablemente la posibilidad de que los centros educativos y las universidades puedan formar a sus alumnos el manejo concreto de la tecnología de punta. Los recursos financieros para renovar constantemente las maquinarias se encontrarán lejos del alcance de cualquier presupuesto educativo. Por otra parte, ya hemos señalado que será tan necesario educar en el manejo las tecnologías como en las nuevas formas de organización de la producción. Esta doble posibilidad sólo podrá ser obtenida en algunos centros de capacitación públicos o privados de excelencia, pero principalmente será ofrecida desde las propias empresas. También serán ellas las que posean el personal capacitado para formar en el manejo de las complejas tecnologías. Por último, una nueva y productiva forma de articulación entre el mundo de la educación y la empresa, particularmente en el nivel técnico y universitario, posibilitará desarrollar fructíferas estrategias conjuntas de investigación científico-tecnológica y de extensión hacia la comunidad de los beneficios que ellas posibiliten.

Las consecuencias generacionales
"¡Papá, quiero tu trabajo!". Éste es el texto de un graffítti que apareció escrito sobre una pared en un barrio de Berlín. Refleja dramáticamente una nueva realidad. La mayor selectividad del mercado del trabajo debido a su permanente achicamiento y al aumento de los niveles de calificación que se requieren para el ingreso no sólo genera disputas para su acceso entre los distintos sectores sociales. También comienzan a vislumbrarse nuevos y profundos conflictos familiares e intergeneracionales.

Tradicionalmente han sido los jóvenes quienes tuvieron mayores dificultades para acceder al trabajo. Las estadísticas actuales de la Argentina todavía muestran esta realidad; la desocupación entre los jóvenes es del doble que en el resto de la población. Sin embargo, si comienzan a verificarse un conjunto de las tendencias que acabamos de plantear, es posible proponer que se revertirá la situación. Para cubrir papeles ocupacionales que exigirán utilizar tecnologías de punta y requerirán una rápida adaptación a los cambios, la experiencia previa en Otros trabajos se convertirá en un obstáculo más que en un beneficio. En cambio, los jóvenes que hayan sido formados en las nuevas competencias contarán con importantes ventajas comparativas. Más aún, si continúan avanzando las estrategias de flexibilización laboral que legislan la "temporalidad" del puesto de trabajo y abaratan el despido, esta tendencia al reemplazo generacional se profundizará.

Pero no todas son malas noticias para las generaciones adultas. La continua necesidad de reconversión laboral al ritmo de un intenso cambio en las tecnologías dominantes puede tener consecuencias insospechadas actualmente si se combinan con estrategias democráticas de distribución del trabajo. Una de estas consecuencias puede ser que los trabajadores disfruten a lo largo de su vida de "numerosas juventudes". En efecto, en algunos países se está pensando que una forma de distribución equitativa del trabajo podría incluir el "año sabático". Ello implicaría que, manteniendo su salario, cada 5 o más años un trabajador que vea perimida su formación podría dedicar un año a recalificarse de acuerdo con los nuevos papeles ocupacionales que se habrán creado. Si concebimos como juventud al tiempo de espera y capacitación para el ingreso en el trabajo, es posible prever una vida con varias juventudes.

En las dos hipótesis ocurrirán profundas transformaciones en las familias. Estos cambios mostrarán una dimensión equiparable a la de los que ocurrieron en las últimas décadas a partir de la incorporación masiva de la mujer en el mercado de trabajo. ¿Cómo se estructurarán las familias en las que el que trabaje sea el hijo y el padre un desocupado? Y en aquellas en las que el primero trabaja mientras que el segundo es un estudiante?